frank's profileFrankPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
|
7/4/2008 Baratijas, basta ya!Estos días, tratando de organizar las montañas de objetos recibidos como ayuda humanitaria en dos contenedores, me ha venido a la mente la imagen de los conquistadores castellanos frente a los originarios americanos tratando de intercambiar espejos por oro. Y es que me temo que este tipo de ayuda humanitaria que tanto nos satisface a los del norte, tiene más perjuicios que beneficios para los de aquí. Ya sé que no descubro América, pero para muchos españolitos de a pie, sigue siendo la fórmula que consideran más oportuna para ejercer sus sentimientos solidarios. Ya que consideran que si enviamos la ayuda en especie, al menos algo llegará a los necesitados.
Pues bien, yo me pregunto para qué querrán aquí los hermanos bolivianos centenares de paelleras de todos los tamaños, incluido el individual, si la forma de cocinar aquí el arroz nada tiene que ver con una paellera. Y qué utilidad les darán, si el arroz que debieran contener escasea o tiene un precio fuera del alcance de los pobres. Y también me pregunto para qué utilizarán otros cientos de coberturas para carritos de bebé, si aquí los niños se cargan en los aguayos (especie de manta que sirve para cargar cosas y niños en la espalda).
Bien es cierto que han llegado otras muchas cosas de utilidad, ropa, calzado, pañales, etc. Pero yo me pregunto qué ocurre aquí con la industria textil, cuando desde el norte llegan toneladas de ropa usada o desechada por cambio de temporada. Y qué ocurre en las comunidades originarias que ya no tejen y se visten según sus gustos y tradiciones y prefieren beber chicha ociosamente antes que fabricar sus propias telas. Resulta curioso visitar las comunidades, por ejemplo, de chimanes y yuracarés donde continúan viviendo tradicionalmente y ver como visten unas ropas que para nada tienen que ver con ellos.
Claro que bien distinto es lo que ocurre en la ciudad, donde por supuesto la inculturación ha sido mucho más profunda y los pobres necesitan de esas ropas para protegerse del sol y del frío. Pero yo de nuevo me pregunto, ¿no sería mejor invertir en la creación de cooperativas o fábricas textiles o de calzado o agrícolas en las que se pudieran emplear a esos desheredados y no tuviesen que ir mendigando por las puertas de las Iglesias unos zapatos viejos?.
Y claro es que luego nos quejamos, ¡si es que son unos pedigueños! ¿Pero quien está favoreciendo esa cultura del pedir, del mendigar, ... no será nuestra actitud de ricos epulones que destinamos nuestras migajas a los más pobres? ¿Qué cambios producen nuestros contenedores solidarios en la estructura socio-económica? o hablando en cristiano, ¿qué tienen que ver nuestras macrolimosnas transoceánicas con la con la construcción del Reino de Dios? No será que nos interesa más que estas gentes continúen genuflexas a nuestas dádivas o cuando menos a nuestras políticas económicas.
Para nada considero que estas prácticas tengan que ver con la transformación social y mucho menos con la liberación de los oprimidos. Más bien son prácticas que perpetúan la dependencia. Además de beneficiarnos más a los del norte que a los del sur. Ya que muchas veces el material enviado se compone de excedentes de producción que permite mantener nuestros precios a un nivel rentable o también sirven para crear aquí una necesidad nueva, convirtiendo en el futuro ese tipo de objetos en materia de comercio.
Y es que si relamente queremos ejercer una solidaridad transformadora y justa, tendremos que comenzar a plantearnos cambiar nuestras prácticas. Porque en realidad este modelo de cooperación limosnera no deja de ocultar nuestra negativa a cambiar nuestros estilos de vida. Enviando aquí lo que nos sobra, nos impide cuestionarnos por qué en cada hogar tenemos tres televisores, dos automóviles, siete u ocho móviles (la mayoría ya desterrados por antimodernos, aunque sean del año pasado). ¿No será que tendremos que trabajar por estilos de vida mucho más austeros y acordes a la escala del ser humano? ¿No será que tendremos que aprender verdaderamente a compartir? ¿Por qué tanto miedo a compartir nuestro dinero, si hoy en día existen los medios oportunos para que realmente se destinen a donde hace falta? ¿No será que nos conformamos con dar y no compartir? ¿Qué nos cuesta implicarnos de verdad? ¿Por qué no ponemos en juego también nuestros conocimientos, nuestras cualidades? ¿Por qué no ayudamos a la creación de cooperativas, apoyadas con profesionales desde el norte que compartan su tiempo?
Claro y es que cada vez que se tocan estos temas son tachados de utopía. Pero más bien creo que es miedo y resistencia a dejar a un lado nuestros privilegios, seguridades, comodidades. Porque al final, lo más facil para nosotros es cargar un contenedor de baratijas. La gestión de un contenedor de ese tipo supone un costo de miles de euros, costo que no alcanza el contenido que lleva dentro. Para obtener todo eso que nosotros hemos entregado grastis con toda generosidad, cuando llega aquí nuestros misioneros tienen que desembolsar miles de dolares para para pagar el envío, los impuestos de aduana y otros gastos varios.
Y es que lamentablemente nuestros hermanos misioneros poco más pueden hacer, que traer las baratijas que nosotros desechamos, ante la falta de implicación e insensibilidad de los satisfechos del norte. TrackbacksThe trackback URL for this entry is: http://frankyague.spaces.live.com/blog/cns!973F9F9308960ABE!1701.trak Weblogs that reference this entry
|
|
|