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7/9/2008 Se vende riñón"Hermano, voy a vender mi riñón para ayudar a mi madre". Estas fueron las palabras que pronunció Martín, cuando vino su mama a solicitar apoyo para unos exámenes médicos. Martín apenas tiene la mayoría de edad. Su mama todavía no ha cumplido los cuarenta. Poco a poco fue perdiendo la visión de un ojo y ahora ya ve con gran dificultad con su ojo sano. Le detectaron un tumor que ahora tras los exámenes, ha resultado estar alojado en la cabeza. Martín tiene otro hermanito de cinco años que vive ajeno a todo el drama familiar.
El papa de Martín les abandonó cuando él era pequeño. Luego su mama conoció a otro hombre que también decidió dejarle. Ella ya se ha resignado y desde hace unos años se ha dedicado a sus dos hijos en cuerpo y alma. "Mejor sola que mal acompañada, aunque tenga que sacarlos adelante lavando ropa ajena", como ella dice. Ahora su preocupación es la enfermedad, "porque cuando una madre está sola, ¿quién cudará de ellos?", se pregunta.
Pero Martín sabe que él y su hermano saldrán adelante. Martín trabajaba en un ciber hasta que su mama necesitó a diario un lazarillo. Martín en los últimos meses no se ha soltado del brazo de su madre, acompañándola de aquí para allá, de consulta en consulta. Él apenas habla, su mirada esquiva, sólo un lacónico gracias al despedirse.
Pero la última vez, Martín sí que habló y vaya si habló. Venían para comunicarnos que los diagnósticos eran los peores. El tumor alojado en la cabeza de su mama requería de cirugía y posteriormente quimioterapia. Muy bien sabía Martín que nunca podrían pagar el costo de todo eso. Así que decidido nos dijo que quería vender su riñón para ayudar a su madre. Evidentemente esa venta es ilegal, pero Martín ya había recibido varias ofertas a través del todopodereso internet.
Tratamos de desanimar a Martín en su empeño y le descubrimos otros caminos y soluciones, aunque por supuesto valoramos mucho su iniciativa y sobre todo el apoyo incondicional que estaba ofreciendo a su madre. Ella orgullosa nos decía, "es un chico ejemplar, nunca sale de tomadera". En ese momento descubrí cómo una lágrima resbalaba por la mejilla de Martín que raudo ocultó entre sus dedos.
Al despedirse, Martín nos mostró una sonrisa franca, ya más tranquilo. No pude evitar contemplar cómo Martín y su madre se alejanban lentamente cogidos de su brazo y se perdían entre el tráfico, camino de su hogar.
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